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Yodo estable y radioactivo. Riesgos y beneficios. PDF Imprimir Correo electrónico

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Reconociendo que la ingesta adecuada de yodo en la dieta tiene un efecto protector contra la absorción de la radiactividad por la glándula tiroides, muchas personas, a raíz del terremoto y el tsunami de Japón, han pensado aumentar la ingesta de yodo tomando tabletas de yodo o aumentando el consumo de sal yodada. Los expertos en yodo han recomendado no hacerlo.

El Presidente del Consejo Internacional para el Control de los Desórdenes por Deficiencia de Iodo (ICCIDD), Dr. Gerard N. Burrow, ex Decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, y el Comité de Asuntos Científicos y Profesionales del ICCIDD, han analizado la situación y opinan en contra de suplementos de yodo especiales, en una declaración pública especial (adjunta). El ICCIDD apoya el consumo de cantidades normales de yodo en la dieta, o sea 150 microgramos diarios.

 


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DECLARACION DEL ICCIDD

Q & A: Japón, Radiación y lactancia

Yodo estable y radiactivo.  Riesgos y Beneficios

El 11 de marzo Japón experimentó un devastador terremoto seguido de un maremoto, que han causado daños catastróficos y pérdida de vidas. Este desastre natural, a su vez, ha causado otro riesgo  humano, al haberse dañado significativamente cuatro reactores nucleares, con la consiguiente  liberación  de radiactividad. De particular preocupación es el yodo-131 (I-131), un  isótopos radiactivo inestable.

Normalmente el yodo estable es un elemento esencial para la glándula tiroides, que lo utiliza  para producir  las hormonas tiroideas,  que son  requeridas para el desarrollo óptimo del cerebro humano. La deficiencia de yodo durante la gestación y la lactancia causa daño cerebral en el feto y afecta  el desarrollo del niño. La deficiencia de yodo es la causa principal de retardo mental que puede y debe ser prevenido. Los adultos y los niños requieren 150 microgramos diarios de yodo, que generalmente lo obtienen consumiendo sal yodada. Las mujeres embarazadas y lactantes necesitan una cantidad mayor de yodo, para proteger al feto en desarrollo y al recién nacido a través de la leche materna; ellas requieren  la cantidad mínima de 250 microgramos diarios. La  importancia de este micronutriente lo ilustra el hecho de que la administración de yodo a la población que vive en zonas de moderada a severa deficiencia de yodo, resulta en un aumento de 10 a 13 puntos en su coeficiente intelectual. Actualmente, alrededor de 2 billones de personas, o sea un tercio de la población mundial, es afectada por la deficiencia de yodo.

Nuestra organización, el  Concejo Internacional para el Control de los Desórdenes por Deficiencia de Yodo (ICCIDD, siglas en Inglés de International Council for  Control of  Iodine Deficiency Disorders), conjuntamente con UNICEFl,  OMS y otros organismos internacionales son firmes promotores del consumo de sal yodada para lograr la eliminación de la deficiencia de yodo como problema de salud pública.

Cuando ocurre una falla en un reactor nuclear, se liberan a la atmósfera grandes cantidades de isótopos de yodo radiactivo, especialmente el I-131, que  se van a depositar en los cultivos y pastizales y pueden entrar en la cadena alimenticia, principalmente, pero no exclusivamente, a través de la leche. Cuando estos  isótopos son captados por la glándula tiroides,  el I-131 produce radiación que daña la glándula y aumenta considerablemente el riesgo de desarrollar cáncer tiroideo Este riesgo  es mayor en los niños. Ante un accidente de esta naturaleza, la administración de una dosis alta de yodo estable, 130 miligramos, una cantidad equivalente a mil veces la ingesta normal,  se bloquea la acumulación del isótopo radiactivo en la tiroides. La administración de  yodo en forma de yoduro de potasio (KI) dentro de  1 a 2 horas después de la contaminación atmosférica con I-131 puede bloquear más del 90% de la captación tiroidea del yodo radioactivo. Tomar KI más de 4 horas después de la exposición ofrece poca protección. En una población  yodo-suficiente, la administración aguda de sal yodada tiene poco o ningún beneficioso. Sin embargo, la presencia de  deficiencia de yodo aumenta la cantidad de radiactividad absorbida por la tiroides. El ICCIDD recomienda seguir las  recomendaciones formuladas por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos. http://emergency.cdc.gov/radiation/japan/ki.asp

Afortunadamente, la población japonesa tiene una alta ingesta de yodo, aún sin el uso de sal yodada, debido a dietas que contienen  sustancias ricas en yodo como las algas marinas.

El ICCIDD destaca la  importancia de mantener una ingesta normal de yodo para toda la población,  para la disminuir la absorción del radioisótopo I-131 después de un accidente nuclear. Pero señala también que la ingesta de grandes cantidades de yodo en  ausencia de exposición a I-131 no es útil y puede producir efectos adversos, tales como baja actividad (hipotiroidismo) o hiperactividad (hipertiroidismo) de la glándula tiroides en personas con enfermedad  tiroidea subyacente.

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